Pablo Molina es el “Camela” de Libertad Digital. Un columnista capaz de conectar con su público. Con ese duende que se forja en la calle. Fácil de entender para cualquiera que conciba la realidad como una gran dicotomía; o se es progre o se es liberal. Y si, por ejemplo, la Iglesia condena el preservativo, su uso se convierte en cosa de rojos. Punto pelota.Con ese nivel de razonamiento me pregunto qué se le pasa por la cabeza cuando Pepsi –versión demócrata de la Coca-Cola- saca una campaña de marketing en la que salen hombres y mujeres desnudándose en los escaparates de Preciados (Madrid). Es del tipo de cosas que no son del agrado del Vaticano. Tampoco de los socialistas. Estos incluso han pedido que se censure.
Partiendo del binomio bien-mal; Iglesia-progres ¿Que debería pensar un buen liberal? De esos que prefieren votar a AES antes que al PP para, al menos, evitar diputadas que aprueben mociones de reproche contra el Papa. Debe ser una jodienda ver a enemigos y amigos en el mismo bando, supongo.
Porque cuando alguien del PP sale defendiendo el condón es tan fácil como tacharle de marxista, acomplejado y gilipollas. Que como decía un blogger que se hace llamar Maestro, el sexo es como un cassete de los de antes, y el secreto no está en la protección sino en probar en la cara B. Ya se sabe que cada uno se monta su película como puede para pillar.
Es lo mismo que hay que hacer para conseguir lectores, si la fórmula funciona es que está bien planteada. Por eso no cabe duda de que Pablo Molina es uno de los grandes. Y que sabrá posicionarse en este sentido como sólo él es capaz de hacer. A fin de cuentas, es al liberalismo lo que Camela a la chanson española. Un tipo redondo. En todos los sentidos.
































