Sé que llego tarde con el tema. Que la guerra de los cinco días ha durado eso, cinco días. Y aunque ya sea agua pasada, la incongruencia es un tema intemporal y es de eso de lo que voy a hablar.
Georgia entra en guerra con Osetia del Sur, varias veces inferior militarmente. Así, por las buenas. La noche del 7 de Agosto los surosetios se levantan con unos buenos misilazos de sus vecinos, que dicen que no les reconocen como nación independiente. Nadie dice nada. Hasta que entra Rusia a defender al David de turno.
Entonces todos los medios, desde El País hasta Libertad Digital, afinan sus plumillas contra Putin y sus ansias imperialistas. De repente olvidan que todo empezó con un país que decidió invadir otro. Los rusos son malos y ya está.
Es verdad que ninguno de los tres protagonistas son trigo limpio. Y el ex - KGB no da puntada sin hilo. Pero ateniéndonos a la situación concreta, Georgia sabía a lo que se atenía. Y Rusia sólo le ha dado su propia medicina. A calderadas, eso sí.
Pero sacar fotos en portada de las casas derrumbadas en Tiflis y olvidarse de los surosetios que murieron el 7 de agosto es contar la mitad de la historia. Darle caña al país del oso sin plantearse si, en este caso concreto, podría tener razón. Desgraciadamente, la incongruencia y los argumentos ad hominem son un tema intemporal.

