El chaval pasa del caramelito a la “anchoa”. Luego necesita emociones más fuertes. Prueba el primer pico y le gusta. Las empresas-churderas hacen lo mismo siempre que el Estado-Camello continúe con perica para repartir. Luego el niño de marras terminará su último desparrame con los pies por delante. La economía mundial también.
Es un personaje clave en la mitología urbana. El señor que regala caramelitos con droga a la puerta de un colegio es, junto al hombre del saco, el arquetipo del “malo común”. Tiene su lógica interna, bastante comprensible desde la perspectiva del marketing; learn, like, do. Un fulano obsequia a los niños con muestras de su producto para “engancharles” y ganarse futuros clientes “de pago”.
Así funciona, según la leyenda, una de las estrategias de mercado del díler común. Y algo parecido ha señalado Warren Buffet con respecto a los planes de rescate. Que acostumbrar a las empresas a la subvención fácil es crear programa-dependientes. Y el día que se corte el grifo, caput.
Es eso o continuar pagando. A fin de cuentas, la droga entra como una copita de 43. No exige mayor esfuerzo y “a ningún tonto le amarga un dulce”. Y hay que ser muy tonto para darle la espalda a la mayor sucesión de “egipcios” de la historia. Si todos tienen su inyección yo también quiero la mía.
Más que nada porque si la competencia está respaldada por el gobierno, yo no me puedo quedar atrás. Así que poco a poco, todos van pasando por el aro. Nadie puede permitirse que sus adversarios tengan mayores facilidades. Everybody needs some money.
El chaval pasa del caramelito a la “anchoa”. Luego necesita emociones más fuertes. Prueba el primer pico y le gusta. Las empresas-churderas hacen lo mismo siempre que el Estado-Camello continúe con perica para repartir. Luego el niño de marras terminará su último desparrame con los pies por delante. La economía mundial también.
Es un personaje clave en la mitología urbana. El señor que regala caramelitos con droga a la puerta de un colegio es, junto al hombre del saco, el arquetipo del “malo común”. Tiene su lógica interna, bastante comprensible desde la perspectiva del marketing; learn, like, do. Un fulano obsequia a los niños con muestras de su producto para “engancharles” y ganarse futuros clientes “de pago”.Así funciona, según la leyenda, una de las estrategias de mercado del díler común. Y algo parecido ha señalado Warren Buffet con respecto a los planes de rescate. Que acostumbrar a las empresas a la subvención fácil es crear programa-dependientes. Y el día que se corte el grifo, caput.
Es eso o continuar pagando. A fin de cuentas, la droga entra como una copita de 43. No exige mayor esfuerzo y “a ningún tonto le amarga un dulce”. Y hay que ser muy tonto para darle la espalda a la mayor sucesión de “egipcios” de la historia. Si todos tienen su inyección yo también quiero la mía.
Más que nada porque si la competencia está respaldada por el gobierno, yo no me puedo quedar atrás. Así que poco a poco, todos van pasando por el aro. Nadie puede permitirse que sus adversarios tengan mayores facilidades. Everybody needs some money.
El chaval pasa del caramelito a la “anchoa”. Luego necesita emociones más fuertes. Prueba el primer pico y le gusta. Las empresas-churderas hacen lo mismo siempre que el Estado-Camello continúe con perica para repartir. Luego el niño de marras terminará su último desparrame con los pies por delante. La economía mundial también.


