Con eso la chica podría empezar una nueva vida y tener un oficio que tal vez la pudiera llenar algo más. Hoy, quince años después de eso, Edd recibía una carta. Según me dice mereció la pena. Ahora Laura gana 3000 la noche y varios de sus clientes llenan portadas de periódicos. Es puta y es feliz.
Era rubia y si los parroquianos se daban la vuelta cuando entraba era por el escote y no por su belleza. En el fondo sería una chica atractiva de no ser por la mirada vacía. Sin embargo a Edd “el bellota” le inspiró lástima.
Mi colega Edd no es lo que se dice un sentimental. Su vocabulario ser ciñe a un “si”, “no” y “que te jodan”. Todo eso es un valor añadido a su currículum en las centrales del CNI. El caso es que ese día fue distinto. Estaba viendo a la tipa en cuestión, pelo a lo garçon, tetas generosas, ojos desmaquillados y un chándal antierótico. Su aliciente estaba en que parecía ser fácil de conseguir.
No pudo evitar acercarse a ella y arrancarla algo de conversación. Se llamaba Laura y era la típica mujer sin oficio ni beneficio. Veintidós otoños y a duras penas tenía el título de bachillerato. Picaba de tienda en tienda pero como no la gustaba el trabajo no duraba más de unas semanas.
Edd “el bellota” no se quitó el truja de la boca durante toda la noche. Siempre hace igual. Y cuando la chica terminó de contarle su periplo la respondió cortante: “prostitúyete”. Mientras me relataba la historia anoche me decía que no entendía porque se dignó a dar consejos a semejante ameba. Pero lo cierto es que era la noche del 14 de febrero (San Valentín), estaba con la depre y en plan solidario. Así que se sacó un par de billetes, lo justo para unos tacones sugerentes y algo de pote, y se los dio.
Con eso la chica podría empezar una nueva vida y tener un oficio que tal vez la pudiera llenar algo más. Hoy, quince años después de eso, Edd recibía una carta. Según me dice mereció la pena. Ahora Laura gana 3000 la noche y varios de sus clientes llenan portadas de periódicos. Es puta y es feliz.
Era rubia y si los parroquianos se daban la vuelta cuando entraba era por el escote y no por su belleza. En el fondo sería una chica atractiva de no ser por la mirada vacía. Sin embargo a Edd “el bellota” le inspiró lástima.Mi colega Edd no es lo que se dice un sentimental. Su vocabulario ser ciñe a un “si”, “no” y “que te jodan”. Todo eso es un valor añadido a su currículum en las centrales del CNI. El caso es que ese día fue distinto. Estaba viendo a la tipa en cuestión, pelo a lo garçon, tetas generosas, ojos desmaquillados y un chándal antierótico. Su aliciente estaba en que parecía ser fácil de conseguir.
No pudo evitar acercarse a ella y arrancarla algo de conversación. Se llamaba Laura y era la típica mujer sin oficio ni beneficio. Veintidós otoños y a duras penas tenía el título de bachillerato. Picaba de tienda en tienda pero como no la gustaba el trabajo no duraba más de unas semanas.
Edd “el bellota” no se quitó el truja de la boca durante toda la noche. Siempre hace igual. Y cuando la chica terminó de contarle su periplo la respondió cortante: “prostitúyete”. Mientras me relataba la historia anoche me decía que no entendía porque se dignó a dar consejos a semejante ameba. Pero lo cierto es que era la noche del 14 de febrero (San Valentín), estaba con la depre y en plan solidario. Así que se sacó un par de billetes, lo justo para unos tacones sugerentes y algo de pote, y se los dio.
Con eso la chica podría empezar una nueva vida y tener un oficio que tal vez la pudiera llenar algo más. Hoy, quince años después de eso, Edd recibía una carta. Según me dice mereció la pena. Ahora Laura gana 3000 la noche y varios de sus clientes llenan portadas de periódicos. Es puta y es feliz.




