Que existen tics de machismo en nuestra sociedad es un hecho. El refranero de la barra lo corrobora al tachar de guarra a toda mujer que se acueste con un desconocido y de “donjuan” al que hace lo mismo siendo un hombre. Nunca desdeñes la sabiduría de un barman.Resulta que en los mandamases del penitencial de Picassent quisieron darles una alegría a los reclusos y contrataron a una stripper. Con dinero público, por supuesto. La chica sabía hacer su trabajo; desnudo integral, leche condensada y tocamientos. Los presos también. Una vez me dijo un carcelero que el respeto es la primera ley de la cárcel. Así que nadie se pasó un pelo con la moza. Todos tranquilos. Con las manos en los bolsillos, pero tranquilos.
Pero ya se sabe que el sexo vende. Sobretodo para escandalizarse. Lo cojonudo del caso es que las protestas (que no las denuncias) no van por que todos hayamos pagado algo que bien podría asquearnos. Son de nuevo las feministas reprimidas las que han salido al cuello de esos cabrones machistas que permitieron que una mujer en pleno ejercicio de su facultades decidiera despelotarse ante quien quisiera.
La aludida no ha tardado en pedir que la dejen en paz. Que la gusta su trabajo y que nadie tiene por qué venir a enmendarla la plana. Que de haber sido un striptease masculino aquí habría habido paz y después gloria. Y no la falta razón. Tres meses antes que ella, su propio jefe se había desnudado en otro penal, esta vez de mujeres (ver edición impresa de El Mundo del 16 de enero).
Ni siquiera salió en las noticias. Y en ese caso sí que hubo magreos por parte del público. Son cosas que te puedes permitir si eres hombre. Y las feministas chitón. Ellas sólo se preocupan por lo suyo, a saber; mantener el estereotipo de la “guarra” de toda la vida. Cambiando un matiz, ahora ya no es una puta sino una imbécil desprotegida a la que "mostrar el camino".








