Al pinta de turno se le ocurre una idea. Una reivindicación. Tiene la suerte de que por el momento no había nadie a su alrededor con ganas de contradecirle. Así que su principio permanece en el tiempo hasta convertirse en dogma de fe; este es el nacimiento de todos los mitos que a base de repetirse se han convertido en indiscutibles por muy estúpidos que sean.Uno de ellos, extendido hasta en la izquierda, es ese que dice que el patriotismo es bueno. Y que eso de que en España no seamos nada pródigos en lucir, besar y vestir banderas no es bueno. Que ya podríamos, por una vez, aprender de yankis y gabachos. Eso es amor por la nación y lo demás son bobadas. Se supone que eso es admirable, claro. Alguno dirá que incluso muy liberal.
Lo cierto es que es totalmente lógico. En España no somos besabanderas y en EEUU sí. Eso es porque los useños tienen una buena marca. USA es un producto como otro cualquiera. Perfectamente diseñado según los principios del branding. Se trata de una firma con personalidad propia, unos valores que la han acompañado desde su fecha de fundación y una serie de características reconocibles por cualquiera.
Algo que no tenemos en España. Nuestra marca simplemente no existe. Ni hay una cultura común ni existe ningún concepto puramente español. Nada. La origualda existe desde el siglo XVIII y desde entonces ha representado desde monarquías absolutas hasta democracias, pasando por una república y una dictadura. No hay continuidad. A nivel de marketing es un cero a la izquierda ¿Quién puede identificarse con eso?
Por eso no es de extrañar el intento por rescatar el único logotipo (una bandera no es más que eso) patrio que realmente tuvo un significado. La tricolor. En realidad es el único caso de nacionalismo español que podría tener éxito. Es una marca bien diseñada. Los iluminados que montaron el chiringuito de la II República sabían lo que se hacían.






