Los yuppies podían gastarse varios “de los grandes” en una noche sin despeinarse. Ganaban y perdían fortunas en cuestión de minutos. Cocainónamos, amorales y soberbios. Fueron el modelo de triunfador de una época.Pero las cosas cambian y ahora el cliché de moda es el del BoBo. Bohemian and Bourgeois. Clase media-alta, buena formación, rozando la treintena y concienciado socialmente. Para esos se creó el “Partido por un Mundo más Justo”. Una de esas muchas formaciones frikis que se presentaban en las europeas.
Recibí algo de propaganda suya por buzoneo y me llamaron la atención. No es el típico cajón desastre de progres venidos a menos con ganas de pillarse las dos semanas de excedencia. El organigrama está lleno ejecutivos de multinacionales. Niños con pasta y complejos. De esos que piensan que un programa lleno de propuestas socialistas a más no poder debería ser algo asumible por derechas e izquierdas.
Lo cierto es que, al margen de las ideas, merecían una mención aquí por su campaña. Vídeos virales y una página web impecable. Los BoBos saben hacer las cosas. Y sin haber conseguido el diputado que buscaban, han doblado sus votos con respecto a las generales. Doblar un número pequeño no es ninguna hazaña. Pero tampoco es fácil competir en el apasionante mundo de micropartidos desconocidos. De esos que te sorprenden cuando ves las papeletas el día de las elecciones.
Personalmente me crié con los últimos coletazos del yuppismo y soy un nostálgico. Me gustan las camisas de rayas con cuello liso y los capitalistas sin complejos. Además dicen que los que se forraban en los ochenta eran los que diez años antes buscaban la arena bajo los adoquines. Así que no habrá que esperar mucho para ver el ocaso de los BoBos. Las contradicciones ideológicas provocan sobredosis peores que las de la nieve.












